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Por nuestros muertos, ni un minuto de silencio

Volvimos atrás. Colombia definitivamente quiere guerra, le gusta, la disfruta. O de qué manera puede entenderse que en 10 días hayan asesinado más de 25 personas, líderes sociales, gente humilde y trabajadora, gente que se interesa por el bienestar ajeno (tan pendejos dirán algunos), los han asesinado sin miramiento alguno, sin reparo en sus hijos, padres o familias. Los han asesinado como les gusta, previa amenaza, previo madrazo, previa toda una catilinaria inmunda de quien se siente respaldado por la “gente de bien”.

Y en las redes y en los pasillos y en los restaurantes si se llega a oír un reclamo o una expresión de rechazo ante tanta muerte, la respuesta no se hace esperar: “pregúntele a Farcsantos que aún es el presidente de le República”, “ese es su tal acuerdo de paz”, cuando no la respuesta es una sonrisita estúpida de alegría porque el muerto ni es de uno, ni le importa a nadie y además…. Es un “guerrillero”.

Se es guerrillero por pensar diferente, por creer que aquí la desigualdad social se puede eliminar o al menos, disminuir un poco, se es guerrillero por votar con un grado de convicción que indique que se puede remover algún statu quo de la situación que por 200 o más años, ha llevado el país a los niveles de desigualdad y de pobreza insuperables.

Definitivamente, en esta Colombia de hoy, da tristeza vivir. Parece que la consigna fuera: cometer muchos asesinatos, echarle la culpa a Santos y luego de posesionado Duque, mostrarle al país que esas muertes causadas por individuos de la extrema derecha, léase matones natos, autorizados o vistos con buenos ojos, porque siempre es buena una “LIMPIEZA SOCIAL” por aquellas gentes de “bien”, mostrar los “resultados fatales” del Acuerdo de Paz. Para qué? ¡Para hacerlo trizas!!!!

Sera entonces que la consigna es matar a quienes no comulgan con las ideas de derecha y a todo lo que huela a oposición y divertirse con eso? Duele de veras, duele el ánimo de pelea y la bajeza de quienes o se hacen los pendejos o de quienes dan las órdenes de las ejecuciones ilegales. Debemos dejar de pensar que como no es nuestro papá, mamá o hijo, no es con nosotros.

Hay que ver lo que esos líderes hicieron por sus comunidades, hay que apreciar con qué cariño fueron construyendo paz, hay que ver como su solidaridad fue lo que los movió a no quedarse en la comodidad de no hacer nada. Y hay que ver como un asesino impune, los mata de las más variadas maneras creyéndose dueño de la vida y cobrando como premio la parcela o la casa del muerto. Son esos asesinos y sus jueces sociales o jurídicos que permitan la impunidad de esos crímenes de lesa

humanidad, una verdadera maldición para este país. Pero no importa, en algún lugar habrá una nota sobre una encuesta mentirosa, que indicará que somos aún el “país más feliz del mundo”. A la porra esa “felicidad” que no es otra cosa que el silencio de los muertos. Da rabia esta Colombia.

Hasta cuando aguantará este pueblo, cuando estallará, cuando se agotará la paciencia, cuándo acabará la matanza y recordamos al inmolado JAIME GARZÓN, otro asesinado, cuando preguntaba: “¿Será posible que antes de que nos maten a todos, seamos capaces de reaccionar?”.

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