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El Polo saldrá avante de la avalancha de conspiraciones

Por Gustavo Triana, integrante de la Dirección Nacional del PDA, mayo 11 de 2011

El Polo es el experimento unitario más exitoso de la izquierda democrática. Sus fundamentos programáticos, su estructura orgánica y su funcionamiento estatutario, permitieron el arraigo alcanzado entre las clases trabajadoras y las gentes amigas del progreso. Este partido inspira y alienta las luchas populares y democráticas, y revive las esperanzas por alcanzar las transformaciones profundas que demanda nuestro pueblo. La oligarquía y los imperialistas se lamen por domesticarlo o por destruirlo y desde su nacimiento ha aguantado varios enviones para tan execrable propósito.

La oposición al autoritarismo y a la descomposición extrema del régimen de Álvaro Uribe Vélez, facilitó el crecimiento y la unidad en nuestro naciente partido. Solamente el ex alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, abandonó la nave en ese periodo, en búsqueda de un programa menos comprometido con la lucha antiimperialista y las banderas populares. Llegó luego el triunfo de Juan Manuel Santos y su variopinta Unidad Nacional. Entonces, los mismos que nos plantearon apoyar al candidato verde, Antanas Mockus, para detener al monstruo del continuismo uribista, encontraron de la noche a la mañana que Santos representaba una apertura y un gobierno de transformaciones con el cual se debía llegar a acuerdos. Gustavo Petro, omitiendo las estipulaciones estatutarias, reclama para sí la Presidencia del partido, se reúne con Santos para llegar a acuerdos y ante la desautorización del Polo, él y algunos de sus seguidores se marchan a crear una nueva organización para acordar las transformaciones democráticas que la Unidad Nacional le está ofreciendo supuestamente al país. El Polo reafirmó su oposición al gobierno neoliberal de Juan Manuel Santos y su manguala.

Desde entonces, día y noche, Gustavo Petro ha estado dedicado a atacar al Polo y a procurar hacerle el mayor daño. Así lo develan sus constantes y calumniosas declaraciones, sus insistentes “trinos” y las intrigantes reuniones con funcionarios del Estado y distintos personajes, de las que dan cuenta los medios de comunicación. Se ha atrevido a interferir un sector del movimiento sindical para aconsejarle que se avenga a un acuerdo con el gobierno sobre la agenda que Barak Obama le impuso a Santos, como una condición más para la ratificación del TLC, a que se le crea al gobierno toda la demagogia que sobre derechos humanos y libertades sindicales hace, mientras con el Plan Nacional de Desarrollo, PND, echa para adelante el abaratamiento de la mano de obra y la pérdida de empleos con el libre comercio. Ya en tiempos de Uribe, Petro había declarado inconsultamente la viabilidad por un TLC que tuviera cláusulas sobre derechos laborales y libertades sindicales, como si eso impidiera el daño sobre la producción nacional y la soberanía y como si pudiera haber neoliberalismo sin mano de obra barata.

El Polo tiene reparos sobre la forma como Samuel Moreno ha gobernado a Bogotá, no contó con el Partido y muchas de sus actuaciones no corresponden a los postulados programáticos del partido. E igualmente tiene observaciones sobre el comportamiento de otros gobernantes y miembros del Polo en cargos de representación popular, en lo fundamental por la falta de apego al Ideario de Unidad y la negación a consultar las instancias del partido para orientar sus actuaciones públicas. Esa es una lucha constante y hace parte de la formación que debemos dar a nuestros dirigentes y representantes. De esas actuaciones, la Dirección Nacional del Polo ha definido expresamente que sobre las que tengan que ver con conductas punibles impondrá las sanciones a que haya lugar. Respetando, eso sí, la presunción de inocencia y el debido proceso y acatando los fallos de la justicia. Estas definiciones dirigidas a preservar la unidad del Polo, su Ideario y sus normas de funcionamiento, no han sido del agrado de los seguidores de Gustavo Petro y de quienes quieren otra clase de partido.

Otra cosa muy distinta es hacerle eco y ayudar en los ataques contra el senador Iván Moreno y el alcalde Samuel Moreno, con la parcialidad que lo hacen los interesados en facilitarle a la oligarquía que recobre el gobierno del Distrito Capital, ataques que se hacen callando premeditada y metódicamente todas las andanzas e implicaciones de los Nules con altos funcionarios del uribismo, el santismo e incluso con la administración de Peñalosa. Tampoco puede pasar inadvertida la actuación politizada del procurador en la suspensión temporal de Samuel Moreno por "presunta posible omisión en el deber de asegurar las obras en debida forma", mientras se divulga y difama en su contra acusaciones distintas.

Es inaceptable que no perteneciendo al partido, Gustavo Petro se atreva a pedir la renuncia de la presidenta Clara López y tenga la osadía de descalificar a los integrantes de la terna escogida por la mayoría del Comité Ejecutivo Nacional para el remplazo del Alcalde, terna que a todas luces es prestante, honesta y comprometida con el Polo. Es inadmisible tan atrevida injerencia y menos proviniendo de quién no ha explicado con suficiencia sus relaciones con los Nules y sus repugnantes intentos de intrigar ante distintos despachos públicos para perjudicar a sus adversarios políticos.

En la misma dirección, el senador Luis Carlos Avellaneda, comporta una actitud antipolista y de grave daño a la política electoral del Partido en Bogotá, cuando anuncia que demandará la escogencia de la terna ante el Consejo Nacional Electoral, sin importarle el aprovechamiento que el gobierno de Santos haga de ese alegato para birlar el mandato popular de los bogotanos de tener un alcalde del Polo. El senador Avellaneda alega que la decisión de las mayorías no es democrática, infundio para ocultar que no tuvo los votos para incluir en los ternados a un afecto del petrismo, como se insinuó por los medios durante una semana. Las declaraciones del senador Avellaneda y de la parlamentaria andina Gloria Flórez son oportunistas y tienen el firme propósito de hacerle daño al Partido.

Voceros de la oligarquía y moldeadores de opinión le quieren dictar la agenda al Polo. Moldear una oposición a su medida. Que no se centre el ataque contra las multinacionales y el saqueo ignominioso de nuestras riquezas, las EPS y la criminal Ley 100, los TLC, las bases militares gringas, la extranjerización de la tierra, el encarecimiento de los combustibles. Una oposición que rebaje en la lucha por los derechos laborales, las libertades sindicales y los derechos humanos; que denuncie unas corrupciones y calle las de los grandes cacaos y las transnacionales; una oposición light, inofensiva para la dominación imperialista.

El Polo se mantendrá consecuente con los intereses de la nación y del pueblo y con autonomía e independencia del gobierno, las potencias imperialistas, las multinacionales y el esquirolaje sindical y político que tanto ensalzan Santos y Angelino.
Política